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Amado pueblo luterano. Dios nos ha llamado a ser la diferencia en medio de la
sociedad, de la comunidad y del pueblo. Esa diferencia se trasluce por medio de
nuestra vida, de nuestro comportamiento y del trabajo que realizamos. Como
personas cristianas el amor es la fuerza que nos conduce. El amor a Dios por
sobre todas las cosas que nos puede ofrecer la sociedad. El amor al prójimo
sobre las diferencias que podamos tener. Para ello Dios nos indica que tenemos
que ser tolerantes y ejercer el ministerio de la reconciliación.
En todas las Islas que
componen el Sínodo del Caribe estamos atravesando por una situación económica
terrible. Es una gran prueba el sostener la obra de cada congregación y sus
ministerios. Es mayor la prueba cuando tenemos que seguir caminando y entender
las diferencias que vivimos. Doy gracias a Dios porque primero somos personas
cristianas, que sabemos que el camino al Reino de Dios no es uno sencillo.
En todas nuestras
congregaciones y ministerios tenemos que ir tomando decisiones que nos permitan
desarrollar programas. Es por ello que los miembros de las congregaciones,
entendiendo el tiempo en que vivimos, siguen ofrendando para ayudar a la misión.
Las ayudas sociales y comunitarias tienen que seguirse ofreciendo. Para ello las
ofrendas se deben de mantener e incluso aumentar. Sí, aumentarlas, porque la
necesidad ha de tocar a las puertas de nuestras familias luteranas. El
envolvimiento social es parte de nuestra predicación, es el ejemplo tangible del
amor que nos profesamos.
La Iglesia Evangélica
Luterana en América se encuentra en medio de un momento histórico, uno de
transformación y de adaptarnos al Siglo XXI. Aunque vivimos en el mundo no le
pertenecemos. Nuestra meta es llegar al Reino de Dios. Para lograrlo servimos
con amor a la comunidad. Para servir, nos seguimos preparando con nuestras
Escuelas Bíblicas, las Clases de Confirmación, explicando nuestra Identidad
Luterana y viviendo de acuerdo a la Escritura.
Los tiempos difíciles no son
extraños a la Iglesia Evangélica Luterana. Los hemos vivido antes y este tiempo
de dificultades habrá de pasar, vendrán otros. Pero para ello tenemos que seguir
enfocados en la Misión de Dios [Missio Dei]. Es por ello que la tolerancia se
tiene que ejercer en todo momento, sin dejar de señalar ni denunciar el pecado.
Queremos una iglesia que no discrimine ni persiga al prójimo por su condición
económica, ideales, ni por su forma de vestir o su manera de entender la vida.
Tampoco podemos caer en un libertinaje, pero tampoco podemos dejar que los
prejuicios sociales nos oscurezcan la visión y la misión.
Amémonos como Dios quiere
que nos amemos, en el ágape de Dios. Que el pueblo note que somos sus discípulos
y discípulas por nuestro ejemplo de vida y por ser una comunidad de servicio
amoroso y fiel a la Palabra de Dios.
La Iglesia Evangélica
Luterana es mucho más que una persona, un ministerio, una organización, un
grupo, una congregación o un sínodo. Somos parte del pueblo de Dios, de ese
hermoso abanico de colores y distinciones que lo conforman. Somos luteranos,
luteranas, comprometidos con la Palabra, con su predicación sana y vigorosa. El
pueblo de Dios es uno que ama, respeta y que usa sus carismas para proclamar la
Buena Nueva de Salvación. Nos toca defender la Iglesia Evangélica Luterana que
conocemos, amamos y vivimos. Así sea.
Rev. Felipe Lozada-Montañez
Obispo
Copyright © por Sinodo Luterano del Caribe Derechos Reservados. Publicado en: 2005-07-11 (5440 Lecturas) [ Volver Atrás ] |